martes, 27 de septiembre de 2011

El día.

EL DÍA.
El día que bajen los ángeles. El día que los demonios lleguen. El día en que el hombre pague y el dios castigue. El día que las alas se plieguen o se caigan, inmerecidas, ante el pecado de la inhumanidad. Ese día llegará, y yo estaré al margen, pues no soy ángel ni demonio, humana ni diosa. No habrá juicio para mí, sólo un justo asiento a la derecha de Eaco, Minos y Ramadantis.
Mis pecados son humanos, lo humano no se castiga. Mi dios no castiga los pecados humanos sino los inhumanos. Mi música no es infernal, mi apariencia no es satánica, mi filosofía no es mala; sólo es diferente a lo que tenéis los demás. No soy buena ni mala, justa o tirana, ni dulce ni agria, víctima o verdugo. Soy lo que está en el medio: soy gris, soy jurado, soy agridulce, soy cómplice. Mis ojos no ven sino lo que desean, mis palabras no son más que la huella de mis pensamientos más puros. Mi lengua proporciona latigazos de sinceridad que a muchos azotan pero a pocos hieren. Mis manos no saben acariciar ni pegar, sólo saben agarrar con fuerza lo poco que tienen. Mis pies no tienen ampollas, pues aún no han caminado suficiente, pero tampoco han disfrutado de zapatos de cristal. Mi corazón no comprende que no es como el resto, y mi mente no quiere ser quien se lo explique.
El día en que me convierta en alguien como los demás, espero que los pocos amigos que me queden tengan la decencia de matarme.



Broken Rose

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