sábado, 14 de enero de 2012

Reflexiones de muñeca.

Esta tarde me peiné, cambié el color de mi cabello, lo recorté hasta que estaba perfecto. Di color a mis párpados y pómulos, oscurecí mis pestañas, pinté mis uñas. Me ceñí el corset violáceo y anudé mis sandalias de bailarina para caminar tras tus pasos. Parezco una muñeca, preciosa y lista para ser manipulada.
Una odiosa muñeca de plástico cuya boca no se mueve salvo para sonreír, un juguete sin nada más que eco en el interior del pecho. Un vacío que sólo tú puedes llenar, bien sea de caricias furtivas y miradas brillantes, bien sea de golpes bajos o inconscientes puñaladas en el hígado.
Como estoy vacía, no importa con qué lo hagas. Pero, sea como sea, lléname.

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