lunes, 30 de julio de 2012

Sólo soy una pequeña soñadora.

Esta noche soñé que amanecía envuelta por tus brazos, con las mejillas empapadas por sendas lágrimas de felicidad pura y teñidas del rubor más cándido. Nuestras pieles y una fina sábana blanca componían nuestra única cobertura, pero es imposible tener frío junto a ti. Las sábanas casi arden a causa de las chispas resultantes del roce de tu piel con la mía, ¿y aún te preguntas por qué me estremezco? Te miré con ojos somnolientos, sonreíste, dejando salir parte de aquella luz que compone tu ser, y tuve que volver a pestañear. Acercaste tus labios a los míos sin abandonar tu sempiterna sonrisa de media luna, dejando que nuestras entrecortadas respiraciones se mezclasen en el perfume mágico de tu cariño y el mío. 

Entonces desperté, y descubrí que seguía siendo la patética niña que sueña contigo noche tras noche sabiendo que esa sonrisa no va a ser para mí. Ojalá hubiese algún modo de hacer realidad los sueños.

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