martes, 25 de junio de 2013

Ánimos casuales. A Sabrina.

No sabría decir cuántos meses han pasado, cuántos días y horas, cuántas noches en vela delante del papel, buscando los ojos de mi musa por doquier. Y parece que lo que me hacía falta se escondía en unos preciosos ojos gris azulado, iluminados por el brillo del agradecimiento y la alegría. Entregándome una rosa roja a modo de quid pro quo en esto de la amistad y el cariño, me dijo que siguiese escribiendo, que siguiese siendo Emily Broken Rose. 

No sé si el regalo, además de una hermosa forma de darme las gracias -bien es cierto que innecesaria, no considero que ayudar a alguien que lo necesita suponga un agradecimiento tal, ahora soy yo quien se siente en deuda-, era una metáfora de mi nombre y de quién soy, pero en todo caso hacía tiempo que no sonreía de este modo. Necesitaba que alguien me recordase que esto es lo que mi corazón necesita, y ese alguien ha venido con una enorme sonrisa y una preciosa carita de tez blanca como la nieve. 

Gracias, Sabrina, por devolverme los ánimos para escribir.


Emily.

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