sábado, 17 de agosto de 2013

Otras flores.

Flores. Flores que se abren, que despiertan con la primavera y desperezan sus hermosos pétalos, que dejan de ser capullos insignificantes e invisibles y se transforman en bellos frutos de la naturaleza. Flores de colores, rojas, amarillas, naranjas, azules, violetas, blancas. Flores con pétalos finos, gruesos, con punta o con curvas, con muchos o con pocos, con capas, sin capas, con centro visible o camuflado. Flores, simplemente flores. Lágrimas de Deméter cuando abraza a su pequeña Perséfone, hogar de las hadas, adornos del cabello de las ninfas. 

Otras flores. Otras flores nacen en los sitios oscuros, en lugares a los que la luz no llega ni quiere llegar, al amparo de retorcidos árboles y húmedas criaturas. Otras flores que nacen con colores oscuros, con formas extravagantes, con aspecto débil pero con fuerte núcleo. Flores negras, moradas, grises, marrones, granadinas. Flores de humo, de cemento, de noche, de niebla, de sangre y de tinta. Otras flores que son esquivadas por flores de primavera. Flores y flores, mismo nombre, distinta esencia, diferencias, rivalidades, desprecio, odio, dolor. Las flores rechazan a las otras flores porque su aspecto es algo mustio, porque son hijas de la noche, porque sus capullos se abren en otoño y porque no alegran los jarrones ni los jardines. Las otras flores lloran porque nadie entiende que la belleza tiene muchas formas de presentarse.

He plantado un jardín de otras flores, porque no me gustan las flores. Las flores son hipócritas, superficiales y narcisistas. Las otras flores son ellas mismas pase lo que pase, sonríen a la luna con sus caras sin rostro, alzando los retorcidos pétalos, las oscuras hojas, danzando al ritmo de la gélida brisa nocturna. Si me reencarno, será en otra flor, una que nazca entre las raíces de un viejo árbol, en el corazón de un bosque olvidado, lejos de los prejuicios y de la maldad de las flores que adornan vuestros jardines.


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