lunes, 12 de agosto de 2013

There's no death if there's no life.

¿Que cómo empezó todo? Sencillo. Mi historia es tan fácil, tan recta y cómoda que nadie la escogería jamás para redactar un libro o para entretener a sus vástagos. Mi historia es tan simple que ni siquiera merece llamarse historia. Y todo empezó, como las historias de todo ser humano, desde el monarca más imponente hasta el obrero más humilde, con un hombre y una mujer. Ella, discreta, reservada, elegante… como un gato escurridizo de melena azabache y grandes ojos de cobre. La eterna sonrisa tatuada en los labios, dedicada a todo el mundo. Sus gráciles movimientos perfilan la dulzura de su carácter y engloban la sabiduría que calma, que acuna. ¿Su nombre? Meredith. En cuanto a él, siempre fue el desapercibido, el torpe y tímido Philotas Hallows, que a pesar de ser muy poca cosa, escuálido, con rostro de niño, contaba con una mente prodigiosa que utilizaba para apoyar firmemente los ideales puristas que su familia siempre le había inculcado. 


Se conocieron entre los muros del castillo, este castillo que para mí es una cárcel fue una casa de ensueño para ambos. Nunca supe de más detalles acerca de su enamoramiento o su relación, todo es una nube oscura hasta que llega la boda. Un lluvioso 16 de Marzo. En ese momento, Meredith se unió a la oscura, enrevesada y polvorienta familia de su amado, sin saber demasiado bien dónde se metía. El amor, al fin y al cabo, nos ciega bastante. Ella también defendía los ideales puristas, claro que lo hacía, lo hacía porque no era tonta y porque una vez casada decir lo contrario podía costarle la vida. Por suerte, lo contrario le resultaba soberanamente estúpido. No obstante, poco a poco todo se cernió a su alrededor, y la depresión llegó a costarle la vida. Pero las causas no voy a explicarlas, no ahora. Meredith fue obligada a concebir un heredero para la familia. Recalco la palabra obligada, pues sé de buena tinta que no deseaba por ningún medio tener descendencia. Yo estoy aquí como muestra de que su deseo no fue respetado. Y la misma noche en que yo nací, el 31 de Octubre de 1981, ella murió o, mejor dicho, se dejó morir. Esto provocó que Philotas se asustase, se aterrorizase ante la idea de morir y ver morir a los suyos. Y es que perder al amor de tu vida no puede ser sencillo.

¿Dónde entro yo en todo esto? El terror que invadió el corazón de mi padre se manifestó en una enfermiza sobreprotección que, mezclada con los ideales sexistas y retrógrados que ya hicieran enfermar a mi madre, me convirtió en lo que soy: escurridiza, fría, independiente y desconfiada. ¿Por qué? Porque me asfixia. Porque no soy una muñeca, no puedo sonreír cada vez que a alguien le apetece jugar conmigo, no soy hermosa y elegante, por mucho empeño que Philotas haya puesto en enseñarme protocolo, a cantar, a bailar, a tocar el clavicordio, a recitar poesía, y a comportarme en bailes de sociedad que al fin y al cabo no son más que muestras de una superficialidad repugnante y denigrante. Quiere convertirme en todo lo que mi madre fue, y no puede ver que soy su alter ego. Quiere recuperar algo que no puede recuperar, y se niega a reconocer la existencia de la Shana que es real. 


¿Por qué escribo esto? ¿De qué me va a servir? Sólo es una forma de ordenar mis pensamientos ahora que un minúsculo rayo de luz ilumina el bosque gris que es mi vida.


S.H.

4 comentarios:

  1. Pulcherrimum :3
    Señoría, no tengo nada más que añadir :D
    Garonne

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    1. Gracias, querida puella. Se la declara culpable de ser adorable.

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  2. Me ha gustado mucho. Señorita tiene talento y se nota

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    1. Muchas gracias, cielo. Espero verte más por aquí.

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