viernes, 29 de agosto de 2014

Un frío beso

Un frío beso. Eso ponía en tu carta de despedida. Ni siquiera un beso normal, o un abrazo, o un saludo. Un cuídate tampoco habría estado mal. Pero un frío beso es mucho más de lo que mi corazón puede soportar.

Aquella fue nuestra primera conversación, todavía lo recuerdo. Evoco las imágenes de aquel nublado día de octubre, y regresan a mí los aromas a mar bravío y a flor de azahar, pequeños pétalos blancos que te habías trenzado cuidadosamente en tus cabellos de oro puro. Ahora, en sueños, sigo viendo las olas enfurecidas batiendo contra los acantilados, las nubes blancas y grises arremolinadas, y la triste luz del invierno, todo ello reflejado en tus pupilas negras y en esos lagos de miel en los que bebería hasta la muerte. 

Te recuerdo, puedo ver tu figura relajada, recostada de medio lado sobre la hierba que precede a la playa. Tu vestido rosado ondea al viento incluso cuando hace años que estas tierras no se embriagan con tu aura. Me senté a tu lado, y en silencio contemplamos el horizonte. Lloviznaba, pero nos dio igual, porque todo lo que queríamos era ver el mar.

- ¿Sabes cuál es la mejor de las lecciones? - Rompiste el silencio con esa voz que rivalizaba con el canto de todas las sirenas del inmenso océano azul.- Recibir un frío beso.

Me encogí de hombros, no tenía ni idea de a qué te referías, y te observé atentamente.

- ¿Qué es un frío beso? - Mi voz fue como pisar cristales rotos frente a la perfecta melodía que nacía de tu garganta.

- Los besos se dan con el corazón. Cuando a alguien le rompen el corazón, sus besos se vuelven fríos, porque nada late en su interior -Asentí. Tus palabras sonaban tan sabias que sentí como si hablase con la mismísima Atenea.-. Si alguien te da alguna vez un frío beso, significa que quiere que sepas qué se siente con un corazón que ha dejado de latir, para que de este modo nunca lo sufras en tus propias carnes.

Desde entonces, te vi cada mañana sentada, ensimismada, con la mirada perdida en las aguas azules, verdes, blancas y violáceas, y desde la distancia soñaba que eras mía, que yo era tuyo, y que el silencio era nuestra canción. Pero un día no volviste a la playa, y lo único que encontré fue un pequeño trozo de pergamino con elegante letra cursiva, donde sin duda tú me habías dejado lo que más temía yo recibir de ti:

Un frío beso


Emily

No hay comentarios:

Publicar un comentario