domingo, 22 de febrero de 2015

Mara

Todavía la recuerda, la recuerda muy bien. Recuerda las cosas malas y las cosas buenas, las risas, las peleas, y el difuminado y triste final. A pesar del caos en su subconsciente y del dolor anclado a cuantas memorias tiene del pasado, a Mara la recuerda perfectamente, no sabe si por el interrogante que supuso en su vida o por el vínculo que una vez las unió.

Todo el mundo se metía con aquella pobre chica por ser bajita, regordeta y tener una risa esperpéntica. Y sin embargo Emma veía una gracia y una dulzura en su ser que la hacía querer conocerla. Sí, era un poco inmadura. Sí, tenía muchos problemas en casa y dentro de su cabeza de lacia melena oscura. Y sí, podía resultar cargante a veces por montar dramas de la nada y morder la mano que le daba de comer. Un día mordió a Emma, algo después de haberla metido en su primer y único problema en la escuela, y esta decidió cortar su lazo y seguir su camino.


Pasaron un par de años hasta que Emma volvió a ver a Mara, pues incluso estudiando en el mismo centro la una se distraía con frecuencia y la otra se camuflaba convenientemente. El tiempo y las diferencias mataron su relación, pero Emma sabía que todo había sido una tontería, y en su corazón no tenía rencor para la pequeña, dramática y solitaria Mara. Fue en un concierto de rock donde la volvió a ver, allí, sola, sentada entre la gente y con los ojos fijos en el escenario. Esperó a que todo terminase y, a la salida, se acercó a Emma, cabizbaja, con ojos brillantes y un aura sombría devorando cada rincón de su ser.

- ¿Me perdonas? - Su vocecita sonó tan dulce y apagada que Emma no dudó en extender los brazos y darle un cálido apretón, como si nada hubiese ocurrido, como si los años no hubiesen pasado. Mara lloraba, lloraba y lloraba, y en cada lágrima su amiga pudo ver que dentro de aquel tembloroso manojo de nervios algo se había roto y los pedazos se habían esparcido hasta desangrar su corazón. La abrazó más fuerte, y esperó para oír cómo los fragmentos se reunían. Aquel día vio sonreír a Mara por última vez.

Después, todo fueron noticias esporádicas, que salpicaron algunas jornadas en su rutinario día a día.

"Siempre se desvía antes de llegar a clase"

"La directora está interrogando a sus amigos"

"Sus padres no la encuentran"

"Nadie sabe qué hace Mara con su vida, pero siguen llamándola friki de mierda"

Y no fue hasta el verano de tres años después que Emma supo cómo había terminado la historia de Mara. Josh, su hermano, se lo había contado con una confusión indescriptible.

- Me la encontré por el instituto, me saludó y me preguntó qué tal todo. También me preguntó cómo te iba a ti - Emma no se extrañó en absoluto, pues ella también habría preguntado -. Pero luego me paró la directora, alarmada, para preguntarme si Mara se acordaba de mí.

- ¿Cómo? - Emma se extrañó, no habían pasado años suficientes para olvidar a alguien.

- Resulta que está bajo tratamiento. Está tomando una medicación tan fuerte que no recuerda nada ni a nadie de todos estos años.

En el fondo del subconsciente de Emma se rasgó la foto enmarcada de la pobre Mara, que todavía reía con aquellas carcajadas roncas y sus ojillos brillantes. No recuerda a nadie, y sin embargo ha sido capaz de recordar a Emma y a su hermano. No recuerda a nadie, pero aquel último abrazo se grabó en su corazón. Al principio, Emma se sintió horrorizada ante lo que Josh le acababa de contar. Pero después sintó alivio al pensar que todo lo que Mara puede recordar más allá de los analgésicos y los calmantes es el abrazo de una amiga que todavía hoy no la puede olvidar.

Mara, estés donde estés, te deseo una vida larga y feliz.
Emily Broken Rose

2 comentarios:

  1. Has logrado dotar a esta historia de vida propia, hermosa y cautivadora, pero no todo pueden ser finales felices como en los cuentos, esto es la vida real.
    Un enorme beso
    Lena

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    1. Los finales abiertos o difusos son los más habituales, y viven tan cerca de nosotros que da miedo pensarlo. Gracias por tus amables palabras, Lena, siempre me arrancas una sonrisa.

      Un frío beso,

      Emily

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