martes, 17 de noviembre de 2015

Malditos desiertos de roca en la carne de la luna

Se acabó.
No cargaréis más
Con el peso muerto de mi alma,
Con la  de mis pensamientos,
Con el no brillo de unos ojos
Que llevan demasiado tiempo perdidos
En el fondo del mar.

Esto tiene que cerrarse.
Se cerrará con la llave
Del oscuro secreto,
La que todo lo cierra como
Un cofre de interminables tesoros,
La que lo vuelve a abrir como
El pantano, el lodazal de sueños rotos, la inagotable fuente de la frustración.

Y el silencio será el nuevo grito,
La desesperación de la noche ansiada,
La añoranza del día gris y frío,
El olvido absoluto de la templanza.

Y no habrá lágrimas vertidas,
Ni con razón ni en vano,
Pues son cadávericos los surcos
En las mejillas,
Malditos desiertos de roca en la carne de la luna.

El gris, el gris, sólo nos quedará el gris.
Cuando el negro dé miedo pero abrace mejor que el blanco,
Cuando el blanco nos atemorice con su color abstracto.
El gris se lo llevará todo, y nos convertiremos en nada.

Se acabó.
Esto tiene que cerrarse.
La llave será gris.
El silencio será la nada.
Y tú y yo nos perderemos,
Inexorablemente,
Desesperadamente,
En la cara oscura de la luna.

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