domingo, 9 de septiembre de 2012

Romeo sin Cyrano.

Acechando entre las sombras está
Alguien a quien es mejor no conocer.
Cubierto por el hielo vespertino,
Viendo a un nuevo día nacer.

La ciudad amanece envuelta
En blancas nubes de algodón,
El desconocido permanece oculto,
Quizá no tarde en salir.

Las horas pasan,
El viento sopla,
La capa del individuo ondea,
Se acerca la hora.

Las ventanas de la mansión se abren,
Lenta, pausadamente.
Una damisela de cabellos de oro
Se asoma a la marmórea barandilla.

¿No es hermosa? Se pregunta
El eterno acechante.
Ha llegado el momento,
Dice, y da un paso adelante.

Abre los brazos,
La luna en sus ojos,
Sin ayuda de un Cyrano,
Los versos salen solos.

Tantos años la ha amado
En la soledad de su escondite
Que ya no hay obstáculo
Que se atreva a detenerle.

El Sol se esconde,
La Luna sale.
Las llamas de su amor
En sus labios arden.

Ella llora, él versa,
El manto nocturno
Protege a sus presas.

¿Qué deparará el destino
a tan dulces amantes?
Nadie lo sabe con tino,
pero sin duda será mejor que antes.
 

1 comentario: