jueves, 13 de septiembre de 2012

La Reina del Bosque.

Abre los ojos,
En un claro vacío.
Los árboles te escoltan,
Y, no muy lejos,
El murmullo de un río.

Pones los pies en polvorosa.
Las hojas caídas del otoño acarician
Las plantas de tus pies descalzos.
Tus pestañas aletean como negros abanicos.
Un nuevo día ha comenzado.

Recuerdas cómo la Luna te meció
La noche anterior, después de danzar.
Danzaste durante horas bajo su mirada,
Mirada de madre al amar.
Al amanecer, ella te dejó dormitar.

Y ahora la dorada luz se filtra
De nuevo entre las cobrizas copas de los árboles.
Casi ha atardecido, y vuelven las ganas de bailar.
Abres los brazos, sonrisa en los labios,
Tus pupilas empiezan a brillar.

Como negras lunas, se dilatan ante la creciente oscuridad.
Pronto, tu madre de marfil regresará a su oscuro manto
 Y velará por ti mientras te ve saltar.
No comprende la posibilidad
De que esta pueda ser la última noche.

Tus ágiles, sutiles movimientos,
Incitan al Espíritu del bosque a acompañarte.
No te fíes, murmura la Luna,
Él sólo pretende engañarte.
Pobre, tonta de tí, concedes al caballero
Un renovado vals.

¿Es que a caso no sabes
Lo que el Espíritu quiere?
Se ha formado con las voces muertas de los árboles,
Se ha alimentado del miedo de los animales.
Y ahora sólo la humanidad le hiere.

El bosque quiere una reina,
Tú te has ofrecido.
Tu cuerpo inmaculado y joven se arraiga
A las raíces del bosque marchito.

Luna llora,
El Espíritu ríe,
Tú dormitas entre las hojas
Con aroma a canela y almizcle.
Ya es tarde, todo acaba.
Bienvenida, reina del bosque,
Bienvenida a tu humilde morada.

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