martes, 3 de septiembre de 2013

Tras la espera.

Recibí esta noticia al levantarme, según abrí los ojos allí estaba. La luz del sol más dorada, la que anuncia la muerte del verano, y un aura rojiza sobre el parque que veo desde la ventana de mi dormitorio. Incluso dentro de mi cuarto, todo parece más cálido esta mañana. Las paredes naranjas, los muebles de madera, las sábanas marrones... Se acerca, pero no me atrevo a decirlo. Miro el teléfono, mordiéndome el labio inferior, y leo cómo en nuestra conversación pone "escribiendo..." mientras mi sangre hierve con impaciencia. Entonces, sin previo aviso, lo pones. Con un sutil juego de palabras, como siempre, jugando con mi inocencia y con mi impaciencia, pero tu propia emoción impide que seas lo suficientemente fría como para marear la perdiz. 

Mañana, ¿eh? Todavía no sé cómo sentirme. No dejo de sonreír, pero estoy asustada como si hubiese un monstruo bajo mi piel. Tengo ganas de que llegue el momento, y tengo un montón de miedos estúpidos e inconscientes. Me brillan los ojos como nunca, y las ganas de llorar aumentan al mismo ritmo que los latidos del corazón batiendo salvaje contra el pecho. Al fin ha acabado el verano, después de mucho esperar el último día de agosto ha caído del calendario. Mañana llega el otoño y aún no he sacado ningún abrigo, porque quiero que las primeras hojas se me graben en la piel.



Otoño, aquí te espero. IV.

No hay comentarios:

Publicar un comentario