jueves, 10 de octubre de 2013

La creación de Iquelo siempre empieza bajo la piel.

Se despierta
Nace debajo de la piel y
al oír tu voz
tiembla.
Se convierte en sombra oscura,
repta por cada vena,
el palpitar del corazón
lo revienta.
Tiene los ojos negros,
no es más que una espesa
neblina verde.
Intenta
escapar de un monstruo
que no se esconde bajo la cama
sino bajo la piel mientras
te quiebras.
Es tormenta en un mar de calma,
es la ira de todos los dioses,
son mentiras, son temores,
ánima exenta.
No es justo que el viento
que susurra en tus pestañas
te regale un millón de caricias
inciertas.
Que te sé mía, y mía te siento,
pero como arena entre mis dedos
te esfumas, te ahogas en lágrimas
y naufragas.
Despierto,
y todo es sueño,
pesadilla inventada por Iquelo.
Preguntas,
yo sonrío.
¿Cómo decir
que soy un mar de
dudas?
Vuelan cien gorriones
sobre verdes trigales.
Y sobre mi alma, imbatible,
un mar de angostas, injustificadas
sombras.



No hay peor enemigo que aquel que crea uno mismo.

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