sábado, 16 de agosto de 2014

Sin miedo. Doscientos.

Esta noche he soñado contigo. Después de tantos años, de tanto silencio, de tantas personas y de tanta tierra de por medio, has vuelto a mi subconsciente en forma de juez de Morfeo. Sentada junto al mar, fingiste neutralidad, una paz tejida con hielo se derretía lentamente en tus ojos de caramelo, y no pasó mucho tiempo hasta que, iracunda, me reprendiste por mis errores y mis fallos. 

El cielo estaba gris, encapotado, del mismo modo que parecían estar mis ojos, y sin embargo no había tormenta en mi interior. Por primera vez, no sentí pánico al enfrentarme a tu furia y a tu rencor. Por primera vez, fui capaz de sobreponerme, de poner los puntos sobre las íes, y hablé clara, concisa, sin tapujos y sin miedo. Eso. Sin miedo.

- No me repliques por el dolor de otros - Te dije sin un ápice de temor.- cuando te niegas a creer que yo también siento. Es cierto, lo hice, tal y como dices. Pero ni tú vas a creer cuáles fueron mis motivos ni yo tengo interés en que me entiendas. No me importas, ya no, tu odio no puede herirme, porque odiar significa haber amado, y eso es suficiente para saber que no lo hice todo mal.

Negaste, una y otra vez, todos mis argumentos, hasta que los tuyos propios se convirtieron en una repetitiva masa de rabia, confusión y ceguera voluntaria. En ese momento, me puse en pie, solemne, y me dispuse a abandonar nuestra mesa acompañada por la única persona de aquel entonces que sé que me escuchará hasta el fin. Y, antes de dejarte sola, en tu mar de verborrea sin sentido e insultos velados, te confesé:

- Eres la única que me odió justamente. Pero ya has olvidado lo que es ser justo.

Esto ha sido perfecto para la entrada número doscientos. Entre la Emily que empezó, la que luchó, la que se levantó, y la que hoy se ha despertado más orgullosa que nunca de ser quién es, hay un mundo de distancia en el que no hay sitio para el arrepentimiento.


Emily

2 comentarios:

  1. Experiencias de vida que son totalmente reales porque yo viví algo parecido... Que maravilla... me hiciste recordar cosas y hoy me siento más orgulloso de esas decisiones que antaño hice.

    Un beso!!

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  2. Me alegra saber que mis sentimientos llaman a los tuyos con voz de tinta. Gracias por tus palabras. ¡Un abrazo!

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