jueves, 27 de noviembre de 2014

Cálamo.

No nací perfecta ni mucho menos.

Mis pétalos estaban rotos incluso antes de que abriese los ojos. Las heridas supuraban con sangre plateada y ningún corazón palpitaba en mi oscuro y angosto pecho. Desde entonces, aunque no se abrieron los cielos ni crepitó la tierra con mi primer llanto infantil, necesito. Tengo una necesidad latente que casa mi mano con la tinta y la une a esta hasta que la muerte las haga eternas. Es un deseo que prende mi alma con ígneo fulgor, una obsesión que me ata a la nada más albina y hace que la transforme en parajes de abundante colorido.

Nací, pues, como una herramienta tosca, tallada en la madera del árbol de la tierra mortal, con el único propósito de hacer surgir universos del vacío, y de morir abrazada por las sombras tras el lugar ideado. Soy la tinta y soy el cálamo, soy un ave desplumada, soy el manto celeste nublado, soy la sombra de una espada. 

No nací perfecta ni mucho menos, pero mi corazón es fuente insaciable de versos.

1 comentario:

  1. Es una reflexión muy bonita, triste pero bonita. Creo que todos estamos rotos en cierto modo, a veces son las cosas más duras y dolorosas las que sacan nuestro lado más creativo.
    ¡Un besín!

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