lunes, 20 de agosto de 2012

Interludium.

Sentados sobre la misma banqueta, acariciamos las teclas blanquinegras del enorme piano de cola de la sala de música, hacemos que suenen entre nuestros dedos, inundamos en espacio vacío entre nuestros cuerpos con deliciosas composiciones. Te dedico una mirada de soslayo, me la devuelves y añades una pícara sonrisa de medio lado. A veces me confundes.

¿Qué es esto? Me pregunto cuando empiezas la nueva pieza. Mis manos se detienen, se retiran, dejándote campo libre en el teclado. No obstante, con un gesto de la cabeza, me indicas a seguirte. Una partitura escrita a mano reposa sobre el atril, no me había fijado hasta entonces. Es tan dulce, casi tan dulce como tu voz. Algo arde en mi interior y se refleja en mis mejillas.

Vamos bajando el volumen, mi parte termina y te quedas solo hacia el final. Apenas puedo contener las lágrimas cuando pulsas la última nota. Es lo más hermoso que has tocado para mí en el tiempo que llevamos juntos ante este piano. ¿Cómo se llama? En el margen superior, con tu casi ilegible letra, mi nombre.


Esta entrada ha sido inspirada por la magnífica composición de Adrian von Ziegler, un músico independiente sueco que os recomiendo. Es una de mis mayores inspiraciones. Dejad que su música llene vuestros oídos, disfrutadla.

2 comentarios:

  1. Es preciosa me a encantado, sobre todo la última frase, joo que bonito :)

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    1. Muchas gracias, Angie :3 Es que tenía el día romántico jejeje

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