Érase una vez la grieta más grande del mundo. Érase la veta en la losa de mármol. Érase un océano partiendo la tierra. Érase un Picasso en pleno Vaticano.
Érase una arruga, y un ciento de ellas. Érase un abismo con millones de estrellas. Érase los ojos, la boca y las fauces, érase el lobo, los hombres voraces.
Érase un inciso en el largo discurso, érase un etcétera sin punto, sin vida. Érase la salvia, la sangre, la lava, la vida y la muerte y la rabia exacerbada.
Érase un poema en un mar de incertindumbre. Érase la duda en la más pura certeza. Érase un juego, un castillo, su alteza, una pieza robada, una carta, un esquema.
Érase la sombra que se siempre te asombra, érase la luz del demonio que mora, érase un gran punto sobre tu última hora, mariposas en los abismos, del miedo las esporas.
¿Hasta cuándo, Catilina, seguirás en mi Roma? Jura una, jura veinte, érase un traidor en mi pecho, latente, un ladrón de almas, un corazón inerte.
Explícame lo bien que rimas y cómo controlas los ritmos porque lo he susurrado al leerlo, que ya es tarde y no quiero apabullar a mis vecinos con poemas (aunque ellos se lo pierden), y he alucinado.
ResponderEliminarAdemás las imágenes, no sé, se ve todo, se palpa. Lo bien que eliges las palabras, y ojalá entender lo de Catilina porque seguro que le da más sentidos al texto, pero sin entenderlo, te digo que me parece el comienzo de algo. No quizás de una novela, sino de un poemario, por ejemplo, o un monólogo en una obra de teatro. Quizás es por los érases, quizás porque a más se avanza más se establece un contexto clásico, Picasso incluido porque en el fondo somos posmos.
En fin yo qué sé, qué te voy a decir si ya sabes que está de lujo.
Qué ganas de leerte mañana también.